
La foto pertenece a la "dehesa" donde se crian los Miuras (finca Zahariche de Lora del Rio). Saquen sus conclusiones.
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JAVIER SAMPEDRO 03/08/2008
Una familia librepensadora. En la página web hecha pública hoy por la Universidad de Cambridge se pueden conocer de forma gratuita los trabajos de Darwin. Además, también ofrece imágenes personales de la vida del biólogo Charles Robert Darwin que nació en Shrewsbury (Inglaterra) en 1809 en el seno de una familia acomodada. Fue el quinto de los seis hijos que tuvo el doctor y financiero Robert Darwin con Susannah Darwin, que murió cuando Carles tenía ocho años. En la foto aparece su abuelo paterno, Erasmus Darwin. Su padre, librepensador, se doblegó ante los convencionalismos, bautizando a su hijo Charles en la Iglesia Anglicana, a la que se habían convertido sus suegros ya que tanto él como su esposa pertenecían a la Iglesia Unitaria, para la que Dios es una sola persona y no tres.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE






La idea eliminó la necesidad de Dios para explicar nuestra presencia
"¡Qué estúpido no haber pensado en ello!", dijo Thomas Huxley al escucharla
La predicción clave de la teoría se ha confirmado en tiempos recientes
La prueba más contundente es la universalidad del código genético
Este año se cumple un siglo y medio de la refutación de esa idea: la evolución por selección natural, presentada por Charles Darwin y Alfred Russel Wallace en un artículo conjunto de 1858. Las celebraciones culminarán en 2009, cuando cumpla 150 años El origen de las especies, el libro de Darwin que fundó la biología moderna.
El reverendo Paley resumió sus razonamientos en la célebre alegoría del relojero: si encontramos un reloj en medio del campo, deduciremos la existencia de un relojero; si observamos una mariposa, el ojo de un águila o el cerebro humano, deberemos deducir la existencia de Dios. El diseño -y las cosas vivas apestan a diseño por todos los poros- implica siempre la existencia de un diseñador.
Cuando el joven Darwin, recién licenciado en teología por la Universidad de Cambridge, se embarcó en 1831 como "naturalista sin sueldo" en el H. M. S. Beagle, contaba con la Teología Natural de Paley entre sus libros de cabecera. "Casi podría haberlo recitado de memoria", escribió mucho después en su autobiografía.
Y El origen de las especies, que pronto cumplirá un siglo y medio, puede leerse como una refutación obsesiva y minuciosa del libro de Paley "hasta en el estilo de los argumentos, la elección de los ejemplos, los ritmos y las palabras", según ha documentado el evolucionista Stephen Jay Gould. La selección natural de Darwin es una teoría para fabricar diseños sin necesidad de diseñador: hecha a medida para pulverizar uno a uno los argumentos de la teología natural.
Como los argumentos del creacionismo actual siguen siendo en esencia los del reverendo Paley, la teoría de Darwin sigue siendo su refutación más elocuente. La idea de Darwin es tan simple, poderosa y autoevidente que justifica la reacción de su amigo y colega Thomas Huxley al escucharla por primera vez: "¡Qué increíblemente estúpido no haber pensado en ello!". Y también el hecho de que Wallace llegara a la misma conclusión de forma independiente.
La idea es ésta: todo ser vivo tiene una gran capacidad de reproducción -produce copias de sí mismo con leves variaciones-, pero en un mundo de recursos escasos sólo algunas copias sobreviven lo bastante como para reproducirse a su vez: aquéllas con unas variantes más ventajosas en ese entorno particular.
Si las condiciones del entorno se mantienen durante cientos de generaciones, las variantes ventajosas colonizarán toda la población. Visto desde fuera, la especie habrá evolucionado hacia una forma mejor adaptada a ese entorno. La operación continua de este proceso durante millones de años genera unos dispositivos biológicos exquisitamente adaptados a su entorno: como si un relojero los hubiera diseñado para funcionar allí. Esto es la selección natural, el mecanismo evolutivo descubierto por Darwin.
La capacidad de la selección natural para generar diseños sin necesidad de un diseñador eliminó la necesidad de Dios para explicar nuestra presencia aquí: tal y como argumentó Darwin, el cerebro humano no es la cima de la creación, sino una mera variación cuantitativa del cerebro de un mono. ¿En qué momento de la evolución de los homínidos adquirimos nuestra alma inmortal?
Según el filósofo evolucionista Michael Ruse, Darwin quería proponer una teoría estrictamente científica, "pero su intención se vio frustrada casi de inmediato por sus seguidores, en particular por su célebre bulldog Thomas Huxley, que utilizó la teoría de Darwin para minar los cimientos del cristianismo. Huxley veía el cristianismo como un aliado del poder y de las fuerzas reaccionarias a las que quería derribar".
La guerra prendió con fuerza en Estados Unidos. El Estado de Tennessee ya intentó prohibir en 1925 la enseñanza de "cualquier teoría que niegue la historia de la creación divina del hombre descrita en la Biblia y pretenda, en su lugar, enseñar que el hombre ha descendido de los animales inferiores".
Desde entonces, la derecha religiosa norteamericana lleva más de 80 años empeñada en erradicar el darwinismo de las escuelas públicas, o al menos ponerlo en pie de igualdad con la teoría alternativa narrada en el Génesis. El Instituto Discovery, cuartel general del creacionismo -en su moderna versión del diseño inteligente-, declara como su objetivo central "derribar no sólo el darwinismo, sino también su legado cultural".
Los cristianos conservadores que promueven el diseño inteligente repiten sin cesar que la evolución es una "mera teoría", y que, por tanto, los estudiantes deben ser expuestos a otras explicaciones alternativas de nuestros orígenes, y muy en particular a la teoría expuesta en el Génesis. La realidad es muy distinta. Las pruebas en favor de la evolución son tan convincentes que ni el Vaticano se atreve a cuestionarlas a estas alturas del siglo XXI.
Las primeras pruebas de la evolución, de hecho, precedieron a Darwin por 200 años, y las obtuvo un obispo: el danés Niels Stensen, o Nicolaus Steno en la versión latina usual en la época. Steno demostró que las lenguas de piedra, una especie de incrustaciones minerales comunes en muchas rocas, no eran sino dientes fosilizados de antiguos tiburones.
No es que el trabajo de Steno resultara muy convincente en la época -la teoría dominante siguió siendo que las lenguas de piedra habían caído del cielo en algún momento-, pero los descubrimientos de fósiles se fueron acumulando durante el siglo siguiente hasta hacer inevitables dos conclusiones: que la Tierra era muy antigua, y que sus habitantes pasados eran distintos de los actuales.
El propio Darwin descubrió unos ejemplos muy persuasivos durante la travesía del H. M. S. Beagle: unos sedimentos de Cabo Verde repletos de conchas marinas que estaban muy por encima del actual nivel del mar; unos fósiles de reptiles en Bahía Blanca, similares pero claramente distintos de los reptiles actuales; unos estratos de Los Andes con 3.500 metros de altitud y atestados de vida marina ancestral.
Tres años antes de la publicación de El origen de las especies fueron descubiertos unos fósiles muy especiales. Johann Carl Fuhlrott, un maestro de la escuela de Elberfeld, cerca de Düsseldorf, recibió en 1856 la visita de unos obreros de una mina caliza, que le entregaron 16 huesos que habían extraído de una cueva, pensando que eran de un oso.
Fuhlrott no dudó en clasificarlos como restos humanos, y subrayó que eran "muy antiguos" y claramente distintos de los huesos de la especie humana actual. Descubrió así al hombre de Neandertal, la primera evidencia de la evolución de nuestros antepasados los homínidos.
Otra gran línea de evidencia se remonta como mínimo hasta Linneo. Cuando el gran naturalista sueco del siglo XVIII clasificó los seres vivos en una jerarquía de especies, géneros, familias, órdenes, clases, filos y reinos, estaba revelando que la vida tiene la arquitectura de un árbol. No es exactamente lo esperable para una lista de cosas creadas. Es exactamente lo esperable para una colección de cosas que han evolucionado a partir de un origen común.
La predicción clave de la teoría de la evolución -que las claves de los seres vivos deben ser universales, dado su origen común- se ha confirmado en tiempos recientes con una fuerza que ha sorprendido a los propios biólogos. La asombrosa variedad de formas vivas que vemos por todas partes suele conducir a una percepción engañosa. En realidad, los fundamentos de la vida en la Tierra son extraordinariamente constantes, aunque también muy versátiles, como es obvio.
Las tres propiedades esenciales de cualquier ser vivo son la habilidad selectiva para intercambiar materiales con el entorno, una red de reacciones químicas capaz de convertir esos materiales en sus propios componentes y la capacidad de sacar copias de sí mismo.
La primera se debe a unas membranas compuestas de grasas complejas que comparten todos los seres vivos. La segunda se basa en el "metabolismo central", una red integrada de reacciones químicas que interconecta los tipos esenciales de moléculas orgánicas, y que también es universal. Y la tercera está basada en la doble hélice del ADN, otro universal biológico que constituye el material genético, la base de datos autorreplicante de todo organismo.
La prueba más contundente del origen común de todos los seres vivos es la universalidad del código genético, el diccionario que traduce el lenguaje del ADN (una ristra de letras a, g, c y t) al lenguaje de las proteínas, que son ristras de otra clase de moléculas (los aminoácidos).
Cada serie de tres letras en el ADN significa uno de los 20 aminoácidos que forman las proteínas. Y el código es esencialmente el mismo en todos los seres vivos, pese a que miles de millones de códigos alternativos funcionarían igual de bien. Esto prueba más allá de toda duda razonable que las bacterias, los aligustres y las personas hemos evolucionado a partir de un origen común.
La moderna genómica, capaz de comparar letra a letra el ADN completo de las distintas especies -y el nuestro tiene 3.000 millones de letras-, aporta cada día evidencias muy sólidas a la teoría de Darwin: no sólo de la evolución en general, sino también del mecanismo de la selección natural en particular.
Como ha señalado Francis Collins, director del Proyecto Genoma y creyente cristiano: "Las similitudes de los genes humanos con los de otros mamíferos, gusanos y hasta bacterias son impresionantes. Si Darwin hubiera tratado de imaginar una forma de probar su teoría, no podría haber encontrado nada mejor, salvo una máquina del tiempo. Pedir a alguien que rechace todo eso para probar lo mucho que ama a Dios... ¡Qué horrible elección!".
Después de cenar, en las noches cálidas del verano, en plazas surgidas de la nada, lugares que recuerdan al anfiteatro más pobre de las provincias romanas. Horas antes del espectáculo, un camión se tambalea al compás de un ruido tremebundo. Parece como si en su interior una bestia prehistórica pelease por salir.
Los golpes se suceden a la vera de una plaza en la que los niños juegan al fútbol. Los adolescentes y jóvenes se emborrachan, mientras el público se aposenta en las precarias gradas. Es así en la Comunidad Valenciana, en el bajo Aragón, y Tarragona. Es el rito popular más extendido después de los encierros y las vaquillas de borrachos. En el País Vasco, Madrid y Castilla La Mancha, entre otras comunidades, están prohibidos por crueles.
El camión entra en la plaza de Sant Carlos de la Rápita (Tarragona). Los mozos se arremolinan alrededor de una cuerda que enlaza el vehículo con un pilón de madera sujeto al suelo. Y así surge la bestia negra, disparada, excitada, un proyectil de sombras. La cuerda lo sujeta por el cuello. Es lanzado de frente contra el pilón. El animal, de alrededor de 500 kilos, lucha. Los mozos lo inmovilizan con la fuerza del grupo. Le instalan un artilugio metálico (de unos 50 centímetros de largo) en las astas. Gritos, alerta, uno de ellos lo coge por el rabo, el otro prende fuego a las mechas impregnadas de sustancias inflamables, cortan la cuerda… y todos corren hacia las jaulas. La bestia de fuego ha sido al fin liberada, como en una pesadilla medieval.
Según la localidad recibe un nombre: embolado, toro de fuego, o de ronda, como en Aragón. Sólo en Tarragona y la Comunidad Valenciana se celebrarán centenares de ritos estos meses. En cada pueblo, de uno a tres espectáculos al día. Existen dos modalidades: o en la plaza, o en calles, como un encierro. Es en Valencia y Castellón (provincia que contiene un mayor número) en donde afirman que son más exigentes con el animal. El grupo de emboladores de Amposta, campeones nacionales de esta modalidad, han llegado a hacer hasta siete emboladas en una noche.
Participan en concursos y exhibiciones. Y acuden hasta Valladolid, en donde gracias a las leyes de protección animal, “la embolada consiste en instalarle unas bombillas”, aseguran.
Su record está en realizar el procedimiento en 6’51 segundos. “Nosotros somos los principales defensores de las fiestas. Sé que estos animales no padecen ni física ni psicológicamente, el reglamento cambió hace unos años y ahora las bolas no gotean como ocurría antes, puedes comprobarlo, si pasas la mano, no te quemas”, explica Enrique Morales, jefe de cuadrilla.
El toro es como una antorcha móvil. Un aderezo pirotécnico lo deja confuso al sentir como de golpe la lluvia de chispas surge de sus cuernos. Son segundos de conmoción. Y entonces empiezan las carreras, los juegos, y la provocación. El público incita a los mozos para que hagan espectáculo. “Ves, ya se ha helado, ahora se quedará quieto y no correrá el animal”, espeta una mujer. “Mira que bien adornado va”, le dice un hombre de mediana edad a un niño.
“En el fondo lo que están haciendo es que un animal no preparado sufra un poderoso impacto, esto no es como una carrera de galgos, piensa que sólo con el impacto en el pilón, colocarle los armazones y encender las bolas le provocan gran sufrimiento”, explica el veterinario José Enrique Zaldívar.
Sin embargo, nadie parece que vea este sufrimiento. El toro corre tras los jóvenes. Quema la pantorrilla de los que se suben a las tarimas. Todo dura unos 20 minutos. Y regresa entonces tras el toro manso al corral. Hay casos denunciados de astas rotas, de simples vaquillas emboladas, y vídeos en los que se ve como sufre quemaduras, según los ecologistas. Dependerá siempre de la pericia de los emboladores. Dependerá de la suerte de un animal que como el humano no se adapta al infierno.

JOSÉ ENRIQUE ZALDÍVAR LAGUÍA
El pasado día 21 de julio, este diario inició una serie de artículos con un valiente titular en su portada: Maltrato animal, arranca el vía crucis de todos los veranos. Consultado el diccionario de la Real Academia Española y trasladado el significado del texto al mundo animal, debo decir que el titular me parece sumamente acertado.
La tradición, entendida como una costumbre que se transmite de generación en generación con el único fin de preservarla, sirve de justificación a un gran número de festejos populares en los que una serie de animales pertenecientes a la familia de los bóvidos, subfamilia bovinos, subespecie lidia, de diferentes edades y por lo tanto tamaños, servirán como entretenimiento y diversión a propios y extraños en numerosas localidades de nuestra piel de toro.
Ya han pasado las fiestas de San Juan, con sus hogueras en las que, entre otros, han sido ejecutados a tiros 13 toros, los famosos acericos de Coria. Ya han pasado las fiestas de San Fermín, donde la mezcla de alcohol, bullicio ferial y solemnidad religiosa ha conducido a la tortura a 54 toros y 6 novillos que, previamente, a primeras horas de la mañana, corrían por las calles de Pamplona, adaptadas para tal fin.
Ahora, una vez llegado el verano, el calor, el ocio, el aburrimiento y las largas noches en vela, se repetirá el esperpento hispánico.
No voy a hacer distinciones, no voy a disculpar a unos y a acusar a otros. Haya santos, devoción, tradición, control o descontrol, es todo lo mismo. Al final, sufrimiento, miedo, angustia, dolor, sangre y muerte para los animales. Diversión a raudales para los ciudadanos que de forma activa o pasiva participan en estos festejos.
El toro embolado proyectará su luz y su sombra en la noche; el lento caminar a tirones del toro ensogado recorrerá las calles asfaltadas de los pueblos; el toro a la mar conocerá el sabor del agua salada y nadará desesperado hacía no se sabe dónde. Mientras, unas vaquillas, encerradas en un recinto improvisado, embestirán a ciudadanos que por unas horas jugarán a ser toreros y a los que, para demostrar su valentía, no les importará recibir un revolcón y llenar su ropa de arena. Algunas, como recientemente se ha hecho en El Escorial, serán traspasadas por el acero del estoque puesto en las manos de aprendices de matador. El colofón se producirá en Tordesillas, con la muerte del toro alanceado en honor de la Virgen de la Peña.
Pero dejemos la narrativa y pasemos a la ciencia. Supongo que serán muchos los lectores que alguna vez se habrán planteado que estos animales sufren, los habrá que lo duden y los habrá que lo nieguen. Pues bien, a los dubitativos y a los negadores les expondré de forma escueta e inteligible las razones por las que estos seres vivos son capaces de sentir, como lo puede hacer cualquiera de ustedes.
Existe, en cualquier mamífero superior, un sistema nervioso capaz de desarrollar respuestas ante situaciones que nunca ha vivido, respuestas capaces de ponerle en alerta y respuestas que le llevarán a resistir e intentar adaptarse a esas novedades por las que nunca antes había pasado. Cuando el organismo es incapaz de responder a esos estímulos o agresiones que se repiten con frecuencia o son de larga duración, se producirá lo que en fisiología se denomina fase de agotamiento. Este último es el estado en el que acaban los animales utilizados en los festejos a los que me estoy refiriendo.
Todos ustedes sabrán lo que es el estrés, incluso lo habrán padecido en alguna ocasión, pero, por si no son capaces de encontrar la relación entre él y los hechos que estoy narrando, ahí van un par de definiciones:
“Agresión contra un organismo vivo” y “situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, les pone en riesgo de enfermar”. ¿De verdad creen ustedes que estos animales de manada, herbívoros, y por tanto pacíficos –si es que no ven peligrar su vida y no pueden huir ante la amenaza–, no sufren cuando son sometidos a situaciones para las que no están preparados y que no han conocido en toda su existencia? Pues sí, sufren, y mucho. Debo añadir que aquellos que son utilizados y reutilizados una y otra vez, como ocurre en muchas ocasiones, sufrirán aun más. Está científicamente demostrado que los bóvidos fijan en su cerebro las sensaciones percibidas cuando toman contacto con algo nuevo, y si esta primera experiencia les resulta negativa y se repite, les causará un sufrimiento más intenso. ¿Quién dijo que los toros no tienen memoria?
Si aplicamos como norma que, en el bienestar animal, el organismo en cuestión debería no presentar alteraciones fisiológicas, es decir, que las manifestaciones emocionales del animal no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales, convendrán conmigo –aunque a algunos no les importe y mis comentarios les produzcan cierta hilaridad– en que en todos los festejos donde la especie humana involucra a estos animales hay sufrimiento físico y psíquico. A algunos nos bastará con observar el comportamiento que muestran, sus expresiones faciales, su ritmo respiratorio; pero a los más escépticos les diré que existen determinaciones hormonales realizadas en estos animales que lo demuestran sin ningún género de duda. El cortisol, conocido como hormona medidora del estrés, se disparará hasta valores insospechados que podemos considerar como patológicos.
Haciendo mías las palabras de dos compañeros de profesión, la preocupación por el bienestar animal es el resultado de dos elementos: el reconocimiento de que los animales experimentan dolor y sufrimiento y la convicción de que causar sufrimiento a un animal no es moralmente aceptable si no existe razón que lo justifique.
Dejaremos para otro día la lidia, y la respuesta a ese estudio tan divulgado que habla de la capacidad del toro para superar el dolor que se le provoca en un 90%. Tiempo habrá de rebatirlo.
José Enrique Zaldívar Laguía es vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT)
Ilustración de Mikel Jaso
Este domingo acaban las fiestas patronales de Sant Jaume d’Enveja, repletas de actos taurinos típicos de las Tierras del Ebro
De repente, un ritual anacrónico. Centenares de jóvenes corren por una de las calles, gritando cual marabunta tribal, aplaudiendo, vitoreando, asustando ¿Qué es lo que se caza? En medio del gentío, un toro bravo. Negro, poderoso, repleto de miedo. Cae un sol de justicia. Y el animal está agarrado por dos cuerdas a la cornamenta.
Son las maromas, de las que tiran los mozos para conducirlo por todo el pueblo. Hablamos de kilómetros. Inmovilizándolo a su voluntad. Su cuerpo esbelto impacta contra una señal de tráfico y la tumba. Prohibido aparcar. O contra un árbol. Persigue confuso a la gente por una gasolinera. Una mujer mayor se la juega y lo torea mientras el marido, histérico, intenta detenerla. El toro es lanzado después a la acequia. Golpeando su morro contra el quitamiedos metálico. Intenta defenderse y otra vez lo frenan las cuerdas. Y todo durante más de una hora (el reglamento no permite más de 20 minutos). Así fue el toro ensogado (capllaçat) que presenció Público el pasado jueves en Sant Jaume d’Enveja (Tarragona).
Las Tierras del Ebro son el último bastión taurino de Catalunya. Es la soga y la embolada. Es el fuego y el pilón. Es la vaquilla que corre y el orgullo de unos mozos que se aferran a su tradición como a la madre, al padre y a la tierra. Durante todo el verano, los pueblos, con sus plazas de toros improvisadas, creadas con camionetas y material de construcción, recrean centenares de rituales que los convierten “en uno de los puntos negros de España”, según la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales.
Los defensores de la tradición alegan que nadie quiere más al toro que ellos, es su pasión. Tanto que algunos advierten: “Estamos dispuestos a ir a la guerra si nos los quitan”, explica Paco Soneca, ganadero de 24 años. Si alguien no conoce las Tierras del Ebro, la amenaza puede sonar a farol. Pero estamos hablando de algo profundo. Un submundo fluvial y atávico. Los animales son parte de un espectáculo “muy exigente”. Tienen que cumplir cual soldados. La programación es amplísima. Pueblo tras pueblo. Y los garantes de la tradición son, curiosamente, los más jóvenes, los buscadores de la adrenalina y de la identidad primaria.
“El problema es que esta gente no ve al toro como un animal sino como un objeto”, explica el etólogo Jordi Casamitjana. Los taurinos tienen otra opinión. Las reses bravas han nacido para el embiste, pueden llegar a ser una “máquina de matar”. Se refieren a ellas como “personas de diversa personalidad”. Unas valientes, otras cobardes. Para ellos, morir, romperse las piernas o perder las pezuñas en el asfalto son “accidentes laborales”. “La gente no sabe de toros. El toro aprende y se adapta al espectáculo. El ganadero debe saber escoger. Si es para ensogarlo, se elige un toro que se deje guiar. Tengo reses que prefieren salir a la calle a irse al campo, eligen ir a por la carne.
A mí me duele si un animal muere después de estar alimentándolo todo el año”, añade Soneca.
Una res puede participar en medio centenar de espectáculos por temporada. O ser embolada y ensogada varias veces. Son protagonistas involuntarias. Y causan gran expectación. “Esta gente ve a los animales como sus esclavos, como los negreros años atrás. Están cegados por una barrera psicológica”, dice Casamitjana.
En casi todos los festejos existe una guardia pretoriana (compuesta por la comisión de fiestas y por fanáticos con camisetas y tatuajes de toros) que vela para que no se cuele ningún ecologista. “El año pasado se nos escapó uno y nos denunció por una vaca que cayó al suelo”, explica un anciano de Campredó. “¿Eres taurino o anti?”. Es la pregunta del millón. No valen medias tintas. O están con nosotros o… Existe miedo a las represalias.
Dora Casado, portavoz de PACMA (Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal), explica que esta entidad ha interpuesto más de 60 denuncias, pero han sido archivadas. “Y en el Colegio de Veterinarios de Tarragona afirman que en 2007 sólo se registró un 2% de irregularidades. Se llevan su dinero de estos espectáculos”, agrega. “Denunciamos desde descargas eléctricas hasta la muerte de animales por colapso, el sufrimiento del ensogado y el embolado”, añade.
Enrique Morales, jefe de cuadrilla de los Emboladores de Amposta, disiente. “Falta comunicación. Puedo garantizar que no se maltrata a ningún animal. Al toro nadie le puede obligar a que corra. La gente a la que le gusta esta afición lo respeta. Que vengan y lo vean”.
El toro de Sant Jaume ha parado. Un caballo blanco lo mira desde detrás de una reja. ¿Qué habrás hecho, hermano?, podría decir si supiera razonar. Pero esta historia no trata de la razón. Reparten sangría y refrescos para combatir el calor. El toro sigue ensogado. Mirada perdida. Aún le quedan calles abajo.
Sufrimiento psíquico
El toro ensogado padece un fuerte componente de estrés, según la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT). No tiene una fisiología preparada para afrontar estas situaciones y, al ser encajonado para atarle, sufre fuertes sensaciones negativas. La alteración de su miedo natural le produce ansiedad, lo que afecta negativamente al animal porque el miedo es un poderoso causante del estrés.
Agotamiento y exceso hormonal
Una vez fuera, el animal es llevado a través de las calles del pueblo, forzado y constantemente acosado. Los niveles de adrenalina y noradrenalina del astado se disparan. Se han realizado mediciones de estas hormonas en tipos de ganado vacuno sometidos a situaciones menos traumáticas y los valores alcanzados son indicadores de un gran sufrimiento físico y psíquico.
Hambre, sed y transporte
Los animales pueden permanecer durante horas en el camión hasta que empieza el espectáculo. Durante el tiempo de transporte, el hambre y la sed agudizan su sufrimiento. Para evitar males mayores, los asistentes de las empresas ganaderas suelen mojarlos para reducir el calor. De no hacerlo así, en los transportes de los meses más calurosos se podrían alcanzar situaciones de colapso.
Inmovilización
Los procedimientos para lograr la restricción de movimientos no causan dolor por lo general, pero el miedo puede ocasionar un gran estrés psicológico al ganado cuando ha sido criado bajo métodos extensivos, asegura informe de la asociación.
Acoso, recorrido y juego
Las razas excitables de ganado vacuno muestran sensaciones de pánico cuando se las deja solas en un lugar extraño,
o se las somete o expone a la novedad de un ambiente ruidoso. Otros factores que les afectan son las distracciones en su camino, como sombras, irregularidades en el suelo, barreras físicas y objetos que obstaculizan su paso.
Los veterinarios no dan abasto después de las fiestas navideñas. Las protectoras estiman que al menos uno de cada diez perros de raza que se han regalado por estas fechas padece ahora diarreas, vómitos, fiebre y otras enfermedades incubadas durante la cría y el transporte de los cachorros, importados de países del Este. Muchos morirán. Pero no acaba ahí el drama. En los próximos meses, perros aparentemente sanos comenzarán a manifestar síntomas de graves enfermedades hereditarias, como displasia o ceguera progresiva, que pondrán a sus dueños en la tesitura de llevarlos al quirófano y afrontar los gastos de operaciones que suponen desembolsos de más de 1000 euros. Reclamar a las tiendas es frustrante. A lo sumo, el vendedor suele ofrecer al comprador insatisfecho la posibilidad de cambiar a su mascota por otra, como si fuera un electrodoméstico defectuoso. Si se tiene en cuenta que estos perros cuestan unos 50 euros en el país de origen y se venden en España por precios que multiplican por diez y hasta por veinte ese valor, la tienda nunca pierde dinero por muchos cachorros que tenga que cambiar. Y además, los clientes, ya encariñados con sus cachorros, rara vez aceptan ese trueque.
Es un negocio suculento, pues en España seis de cada diez familias conviven con un animal doméstico y el 35% lo compra en tiendas, mientras que solo un 20% lo adopta en perreras, un 10% acude a criadores selectos y el resto se ventila entre particulares. Hungría, Eslovaquia y Chequia se han convertido en fábricas de producir cachorros de raza destinados al mercado español. Allí están ubicadas las más descomunales puppy mills (granjas de mascotas) europeas. A las hembras se las encierra en jaulas donde enlazan una preñez con la siguiente. Se cruzan ejemplares de la misma familia (padres con hijos, hermanos). Un incesto canino de proporciones industriales Cuando una raza se pone de moda, van a saco. Esta temporada se llevan los carlinos, los beagles y los frenchies (bulldog francés). Los cachorros, en ocasiones con microchips piratas, son transportados en camiones y en unas condiciones que ni los barcos negreros. Muchos llegan enfermos a las tiendas o desarrollarán enfermedades hereditarias a los pocos meses por culpa de la consanguinidad. Se venden por 500, 600 y hasta 1.200 euros cuando cuestan 50.
Los criadores responsables llaman con desprecio a esta industria al por mayor la maldición de los juntaperros, cuya falta de escrúpulos condena al sufrimiento a miles de animales y a sus descendientes. Y pone a los dueños en situaciones de enorme angustia y estrés emocional. Un criador que haga las cosas bien saca una camada al año y procura que solo críen los mejores ejemplares. "El pedigrí no es un árbol genealógico para conocer a los parientes de sangre azul, sino una garantía de características físicas y psíquicas, y de ausencia de taras genéticas. El problema es que en España se nos antoja una raza y la compramos en el primer sitio que se nos ocurre", advierten en las protectoras, que estiman que el volumen anual del tráfico de mascotas del Este supera los 45.000 cachorros y que tres de cada diez mueren durante el trayecto, enfermos, extenuados, sedientos y cubiertos de parásitos, heces y orines. Los que sobreviven pueden llegar con moquillo o parvovirus y mucho no han sido vacunados contra la rabia.
Los juntaperros no son exclusivos de Europa oriental. Hace unos meses, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil desmanteló un criadero clandestino en Murcia e inmovilizó un total de 220 perros de raza. El establecimiento había distribuido al menos un millar de mascotas a toda España, incluidos de razas potencialmente peligrosas cuyo comercio está restringido, como el dogo argentino y el rottweiller. También fueron decomisados más de mil pasaportes de sanidad canina expedidos en Eslovaquia. Lo de los pasaportes es solo un truco más en un negocio donde la picaresca está a la orden del día y se piratean los chips de identificación y hasta los pedigrís. El descontrol de las ventas por internet contribuye a enrarecer el panorama.
En los macrocriaderos del este de Europa, los cachorros son separados de su madre con un mes de vida. Con esa edad no se pueden vacunar, así que falsifican las cartillas veterinarias poniendo una edad mayor para poder venderlos en España. Esta separación temprana tiene otro efecto perverso: la falta de socialización, pues no han tenido contacto suficiente con su madre y hermanos. Los que sobrevivan pasarán su infancia en un escaparate. En el futuro pueden ser perros problemáticos. Y las modas pasan. Los hoy cotizados bulldogs empezarán a ser abandonados este verano, coincidiendo con las vacaciones. Y convivirán en las perreras con razas de las que ya nadie se encapricha, como el husky siberiano o el cocker spaniel. Y también con otras con gran predicamento, como el golden y el labrador, pero ya se ven tantos por la calle que han perdido glamour, víctimas colaterales de la producción a destajo.
Un problema similar al español lo vivió Estados Unidos hace una década. Y adquirió tintes de auténtica emergencia sanitaria nacional. Un estudio de la Universidad de Pennsylvania demostró que un 60% de los perros de algunas razas grandes terminaban cojos por culpa de la displasia. O nacían con un testículo sin descender. O desarrollaban cáncer hereditario. De un total de 20 millones de perros de razas selectas, el 25% tenía alguna tara genética. Y no podían echarle la culpa a las importaciones descontroladas, pues las aduanas norteamericanas son muy escrupulosas. La revista Time dedicó una de sus portadas a este drama. Y llegó a la conclusión que era la obsesión por la belleza de criadores y dueños lo que estaba poniendo a algunas razas al borde del colapso biológico. "Los perros de raza son en buena medida seres artificiales, moldeados durante miles de años de crianza selectiva para satisfacer necesidades humanas. Durante mucho tiempo, esas necesidades se limitaban a la compañía y el trabajo. Y los perros prosperaban. Hoy en día es la belleza lo que se potencia. Ejemplares atractivos, pero poco saludables, son los que se cruzan y tienen descendencia, primando en realidad la supervivencia del menos apto. Resultado: una catástrofe nacional de la que pocas razas se libran". La belleza bordea a veces la pura aberración. Los yorkshire son cada vez más diminutos. El mercado los quiere así y los criadores seleccionan a las hembras y machos más pequeños para cruzarlos. Consecuencias: enanismo e hidrocefalia. Por su parte, los bulldog son cada vez más cabezones, lo cual tendría su gracia si no fuera porque vienen al mundo por cesárea.
[2] TESTIMONIOS
Laura Escribano, Toledo
Charco, golden retriever con displasia de codo
"Compré a mi perro de manera inconsciente. No me informé de dónde debía adquirirlo, ni qué certificados pedir. Charco es húngaro, después de meses de reclamar en la tienda conseguí su pedigrí. Pero su pedigrí puede ser de cualquiera porque no tenía chip ni tatuaje. El chip me lo cobraron en el veterinario concertado por la tienda, donde te obligaban a poner las vacunas y pasar las revisiones. Es una práctica de muchas tiendas, que se desentienden, cuando hay problemas, si no acudes al veterinario que trabaja para ellos. A los cinco meses operamos a Charco de displasia de codo en una pata. A los siete, otra pata. No denuncié a la tienda porque me pagaron las operaciones, aunque no las cubría la garantía. Luego supe que tenían tantos casos similares que pagaban para ahorrarse denuncias. Después de aquello monté con otros amantes de esta raza una web (www.todogolden.com) para informar a la gente dónde comprar. Siempre a criadores responsables. Por desgracia, conocemos muchos casos de golden displásicos. Es una raza de moda y eso aumenta el riesgo de la crianza irresponsable. El negocio es muy jugoso".
Noemí Estepa, Madrid
Asia, bóxer con estenosis de corazón
"Mi perra tiene tres años y padece una enfermedad del corazón congénita y hereditaria. Es incurable y acorta la vida del animal a la mitad. Mi historia es muy típica. Decidimos comprar un perro y empezamos a mirar precios. Vimos un anuncio de un supuesto criador de Navalcarnero que tenía varias camadas de diferentes razas. Fuimos, la compramos (sin factura) y nos la llevamos. Asia tenía 21 días solamente, sin destetar. Todo iba bien, así que pasado un mes decidimos comprar un bóxer macho y le volvimos a llamar. Cairo se llevaba un mes con Asia. Cuando Asia tenía seis meses empezó el calvario: un día, paseando por el parque, se desmayó. Fuimos al veterinario y nos recomendó a un cardiólogo, que hizo un estudio completo y muy caro de ambos perros. Diagnósticos: Asia, estenosis subaórtica; esperanza de vida, cinco años. Cairo: estenosis pulmonar grave, esperanza de vida: un año. La estenosis es un estrechamiento de una vena o arteria que provoca falta de riego sanguíneo. El cardiólogo nos dijo morirían súbitamente durante un desmayo. Es angustioso pasear por el parque y cada vez que Asia se desmaya pensar que va a ser la definitiva. Sospechamos que el criador estaba cruzando a las hembras con el macho portador del gen. Podíamos haber reclamado, pero ¿cual habría sido la solución? El vendedor nos habría cambiado los perros por unos sanos y los enfermos los habría intentado colocar a otras personas ilusionadas por un cachorrito. Y si no colaba, se hubiera deshecho de ellos por no ser aptos para el negocio".
Jesús Amador del Olmo, Barcelona
Brina, dóberman con cataratas congénitas
"Yo compré una perra dóberman con pedigrí. Acudí a la clínica veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona para que la viera un oftalmólogo, pues la perra no veía bien, le lloraban los ojos y el párpado izquierdo estaba casi cerrado. Tenía seis meses. El diagnóstico fue de micoftalmía bilateral, cataratas en los dos ojos y displasia de retina, congénitas y heredadas. En resumen, la vista hecha un guiñapo. Se me recomendó implantarle una lente intraocular y cauterizar las heridas de los ojos. Y no cruzar al animal. Me la vendieron sin el tatuaje obligatorio. Estaba en los huesos y tenía pánico a la gente. La socialización era nula. La operación era muy delicada, así que al final recurrimos a un veterinario homeópata. Notifiqué a la tienda mis problemas y la única solución que me dieron fue que me cambiaban a la perra por otra. Me negué y les exigí el importe del dinero pagado (850 euros). Al día siguiente me dieron el teléfono del criador para que yo llamase. Éste me dijo que no se hacía responsable, pero que me daba otro perro y que vendiese la mía o me la quedase, que hiciese lo que quisiera".
Sandra Rodríguez y Gustavo Ramírez, Abrera (Barcelona)
Criadores modélicos de la raza golden
"Somos criadores de golden retriever, una de las razas con un gran número de casos de displasia. Llevamos unos seis años, ahora mismo tenemos en casa cuatro golden, un macho y tres hembras, solo hemos tenido una camada en todo este tiempo y nacieron tres cachorros vivos. Fue muy duro. La gente se pregunta, ¿una sola camada en seis años? Sí… Si quieres hacer las cosas bien. Nada de jaulas. Toda la casa llena de perros, pelos y correas… Primero compras tu primer perro, en nuestro caso Lua. La empiezas a llevar a exposiciones. Cuando tiene un año le haces las pruebas de displasia y de taras oculares (unos 170 euros) y si todo está correcto esperas a que tenga su tercer celo, a los dos años, para la primera camada. Tienes que elegir al macho que complemente a tu hembra. Y a lo mejor está a mil kilómetros de casa. Gastos de viaje y el pago de la monta, que ahora mismo está a unos mil euros, se quede o no preñada la perra. Nacen los cachorros y si todo va bien y la madre responde, perfecto, te limitas a vigilar y a limpiar. Si algo va mal tienes que darle el biberón cada tres horas a los cachorros, lo mismo si han nacido tres como si son once. Y esto es solo el principio. Luego hay que ir a exposiciones, adiestrar, estudiar el pedigrí… Por culpa de cuatro desgraciados pagamos los que hacemos las cosas bien. Teniendo en cuenta de la displasia es una enfermedad congénita nadie puede garantizar que los cachorros no puedan sufrirla, pero si se hace una control muy exhaustivo de los padres, el riesgo se reduce en un porcentaje muy importante."
[3] APOYO
EL CRIADERO DE LOS HORRORES
Los criaban en jaulas, los vendían por internet y los enviaban al cliente por mensajería. La Guardia Civil y la Comunidad de Madrid destaparon a finales de año el primer macrocriadero español de mascotas, a imagen de los del este de Europa. Estaba ubicado en las localidades madrileñas de Navalfuente y El Molar. Fueron requisados 323 perros que malvivían en unas condiciones dantescas, algunos con heridas por canibalismo y peleas, pues solo había un saco de pienso por cada cincuenta animales. Estaban los huesos, cubiertos de parásitos y algunos enfermos de leishmania. Hubo tres detenciones. Las investigaciones comenzaron a raíz de las denuncias de la asociación Amnistía Animal. Las instalaciones eran paupérrimas. Nadie limpiaba las cacas. Los perros estaban atados a las vallas o metidos en cajas y jaulas, sin luz natural ni ventilación. Los perros rescatados fueron distribuidos por distintos albergues. Muchos ya han sido adoptados. Los agentes también encontraron microchips, cartillas sanitarias y documentos oficiales de identificación firmados y sellados por dos veterinarios, pero en blanco.
[4] FOTODIARIO
EL CALVARIO DE ZSAZSA
Susana Sánchez, fotógrafa de prensa, y su novio, Carlos Navarro, estudiante de ingeniería, ambos de 23 años, compraron a ZsaZsa, un cachorro de boyero de Berna, en una tienda de mascotas de la provincia de Murcia. Una perra preciosa de la que se enamoraron en cuanto la vieron en el escaparate. Precio: 475 euros. Y empezó el calvario. Un calvario por el que pasan cientos de dueños de perros cada año. Primera visita al veterinario: enfermedad del desarrollo, presuntamente por culpa del estrecho habitáculo donde estuvo metida hasta que la vendieron. Segunda visita: a pesar del tratamiento, la perra cojea. Más bien se arrastra, apoyándose únicamente en las patas delanteras, porque las de atrás son dos lamentables ramitas retorcidas. Le hacen radiografías. Diagnóstico: displasia de cadera. Hay que operarla (coste: 950 euros). Osteotomía triple. Cortar el hueso por tres sitios, insertar una placa y tornillos. Cuarenta días de reposo. Luego rehabilitación. Y hay que darle diariamente pastillas para el dolor. Y todavía le queda una operación idéntica y durísima (otros 950 euros). En la tienda aluden a la mala suerte. Y se ofrecen a cambiarle la perra por otra. Susana y Carlos no pueden creerlo. "¡Como si fuera un microondas!". Preguntan qué pasa con los perros que devuelven. En la tienda le dicen que los envían a una ONG para que convivan con niños minusválidos. Preguntan qué ONG es ésa, pero no le responden. Tampoco se hacen cargo del coste de las operaciones, aludiendo a que está fuera de garantía (15 días, pero una displasia no se puede detectar hasta pasados más de seis meses) y a que no acudieron a la clínica que ellos le habían indicado, perteneciente al dueño de la tienda. Tampoco les dan el nombre del criador. Susana y Carlos indagan por su cuenta y se enteran de que la perra ha sido importada de Eslovaquia. "Pero los traemos en avión y en magníficas condiciones", le replican. Ponen una reclamación en la Oficina Municipal del Consumidor, donde les informan de que ese establecimiento acumula varias. La tienda se ofrece entonces a devolverles el dinero, pero exige a cambio que le devuelvan la perra. Ni pensarlo. Susana, mientras tanto, documenta el calvario de su perra fotográficamente. Contacta con otros afectados. Solo le queda ya acudir a los juzgados y denunciar el caso en la prensa local, con nombres y apellidos. En la tienda, la amenazan con denunciarla a su vez (y al periodista que esto escribe) por "acoso comercial". "Llevo dos meses llorando de rabia y viendo a mi perra aullar de dolor. No es ya por el dinero. ¿Quién me paga las lágrimas? Es por ZsaZsa y por todos los perros que tienen que pasar por lo mismo. Ella es afortunada, después de todo. La estamos cuidando lo mejor que podemos. Otros no tienen esa suerte".
[5] ENTREVISTA
Daniel Rojo,
Cirujano veterinario y profesor de anatomía de la Universidad de Murcia
¿Han aumentado las enfermedades hereditarias en los perros de raza?
Sí. Espectacularmente. Hablo desde la experiencia porque no hay estadísticas fiables. Hace trece años que soy veterinario y en este tiempo se han disparado.
¿Por qué?
El aumento de estas dolencias coincide con la importación la importación masiva de perros procedentes de países del este de Europa.
¿Cuáles son los problemas más frecuentes?
De todo tipo. Las razas asiáticas, como sharpei o akita inu tienen problemas oculares. Sus párpados crecen más de lo debido. Las displasias de codo y cadera están a la orden del día en las razas grandes. Hay razas que solo pueden nacer ya por cesárea.
¿Y la culpa?
La falta de control que hay en España sobre los criadores. Un criador responsable se preocupa. Si un perro le sale displásico lo esteriliza. Un vendedor que busca solo el negocio lo que quiere es el máximo número de camadas en el mínimo tiempo. No selecciona. Cruza lo que tiene.
¿Qué diferencia a un buen criador de alguien que solo busca el negocio?
El criador responsable merece un respeto porque mantiene la raza en perfectas condiciones. Hace radiografías a los cachorros, ecografías a las madres. El vendedor guiado por el ánimo de lucro juega con las ilusiones de los dueños y hace sufrir a los animales. Siempre te dice: 'una displasia es mala suerte, los otros cachorros de la camada no tienen'. ¿No tienen? Muy bien, ¿y los padres?, ¿y los abuelos? Que un perro no la desarrolle no significa que no tenga el gen y pueda transmitirla, por eso es tan importante cortar de raíz los caminos de propagación genéticos. Y en España no se está haciendo.
No obstante, para un veterinario tanta enfermedad le asegura el trabajo…
Me da coraje operar una displasia. Amo la cirugía, pero la cirugía resolutiva. Un perro que se rompe una pata. Una displasia es una operación evitable si se ataja el gen. Este mes llevo cinco operadas.
¿Hay solución?
Sí. Imitar a Alemania. El club del pastor alemán se empeñó en erradicar el problema, identificando a todos los criadores. Si tú quieres criar, debes ganarte ese derecho. Un particular no puede hacerlo. Ningún perro puede tener descendencia si el club del pastor alemán no certifica, con radiografías, que es apto. En España cualquiera cruza a sus perros, si quiere, y vende los cachorros.
[6] LISTADO
ENFERMEDADES GENÉTICAS CANINAS MÁS FRECUENTES
Bulldog francés e inglés: paladar hendido (cuando son amamantados, la leche va a los pulmones y mueren varios en cada camada). La cabeza es tan grande que los partos son por cesárea (1000 euros). Problemas respiratorios, ronquera.
Pastores alemanes: displasia de codo y cadera. Hay que hacer radiografías y enviarlas a Alemania.
Labradores: enanismo.
Collies: el 10% se queda ciego.
Dálmatas: sordera.
Cocker spaniels: tienen malas pulgas (su temperamento ha empeorado en las últimas décadas) y muchos dueños se hartan de ellos.
Gran danés: problemas de corazón.
Sharpeis: cáncer de piel y problemas oculares.
Golden retriever, displasia, a los siete meses conviene hacerles una radiografía.
Rotweiller: aumento desproporcionado de la cabeza porque los criadores han favorecido en los cruces a los de cráneo más voluminoso.
Yorkshire: problemas de mandíbula y rótula, enanismo, hidrocefalia.
[6] RECOMENDACIONES PRÁCTICAS
DÓNDE ACUDIR SI LE VENDEN UN PERRO ENFERMO
"Lo mejor es ir al juzgado y presentar una denuncia por estafa". Así de contundente es Matilde Cubillo, presidenta de Amnistía Animal de Madrid y experta en legislación sobre protección animal. "Todo el mundo se lava las manos porque la legislación varía de una comunidad autónoma, y las leyes europeas tiene lagunas en el tema del transporte de animales, por eso hay que ir a por todas". Por lo general, comerciantes y clientes suelen llegar a un acuerdo amistoso. Si no, habrá que pedir la hoja de reclamaciones. Pero no es vinculante. Tampoco el arbitraje de consumo. Entre las herramientas jurídicas, la ley de protección y defensa de los animales de compañía dicta que los establecimientos deberán vender a los animales "libres de toda enfermedad". Y la existencia de un servicio veterinario dependiente del establecimiento (práctica muy extendida entre las tiendas españolas) que otorgue certificados de salud, "no eximirá al vendedor de responsabilidad ante enfermedades en incubación no detectadas en el momento de la venta". Además, el artículo 1484 del Código Civil estipula que "el vendedor estará obligado al saneamiento por los defectos ocultos que tuviere la cosa vendida, si la hacen impropia para el uso a que se la destina, o si disminuyen de tal modo este uso que, de haberlos conocido el comprador, no la habría adquirido o habría dado menos precio por ella".
Pese a las leyes de protección animal, los toros siguen siendo víctimas de la tradición en miles de festejos populares

Los toros embolaos o de fuego son una costumbre muy arraigada en Levante y Andalucía.
Cuentan que sufren, que padecen estrés, que sienten en una maraña de confusión, abducidos, secuestrados de su medio, perdidos en una verbena de adrenalina. Dicen que es tradición, que se vela por su integridad, que hablamos de la raíz, del ser español, valenciano, castellano...
Llega el verano, y España explota en fiestas, patrocinio y vírgenes de devoción. Charangas y litros de alcohol. Y todo, vertebrado con el uso de animales como fuente de diversión y atracción turística. Animales usados en variopintos espectáculos. Seres, toros y becerros, a los que se les llena las astas de fuego, se les cubre el cuerpo de dardos, se los lancea hasta la muerte o se los tira al agua.
Si bien es cierto que los eventos con animales domésticos (gansos, cabras, gallos, carneros...) están siendo erradicados por las leyes de protección animal autonómicas, el toro sigue siendo el gran damnificado por la excepción histórica de la Fiesta Nacional. Unos 60.000 bovinos sufren nuestra diversión al año, según la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA).Los festejos populares que incluyen algún toro en su cartel crecen en agosto y septiembre, según el Ministerio del Interior. En 2007, se contabilizaron hasta 4.111.
Repunte de fiestas
Ecologistas y promotores taurinos coinciden en que hay un repunte de actos taurinos, sobre todo de los encierros. Este año hay previstos unos 22.000, cuando en 2006 sumaban 18.000, según la Asociación de Corredores, Aficionados y Recortadores de Toros de España. Ello se debe a las subvenciones que reciben de las administraciones -unos 500 millones de euros, según la Fundación Altarriba-, el bajo precio de las reses y la admiración que generan toreros como José Tomás.
La cabra de Manganeses de la Polvorosa (Zamora) se libró de ser arrojada desde el campanario. También tiene más derechos la pava de Cazalilla (Jaén) que el toro. "Si es sancionable tirar a una pava desde un campanario, pero no una "becerrada" en la que pueden matar al becerrito clavándole espadas, se debe a que en el primer caso existen leyes específicas prohibitorias. El segundo, al ser un espectáculo taurino, está regulado por sus propias normativas, nacionales y autonómicas, que lo convierten en legal, aunque sea éticamente reprobable", explican en ANPBA.
17 reglamentaciones
Cada comunidad tiene su reglamentación. En total, 17 reinos de taifas para el designio animal. "Los festejos con toros están muy intervenidos. Por ley, debe haber un delegado gubernativo, miembro de la Policía, y un delegado taurino, director de lidia, para comprobarlo. Además, se piden informes del veterinario", explican en la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET).
Para los grupos animalistas ningún ser debería ser usado para la diversión humana. Pero la tradición responde alzando muros, diciendo aquí nos quedamos. Un ejemplo fue la manifestación del PACMA (Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal) en Amposta (Tarragona) el pasado 12 de julio, y la reacción contraria de algunos ampostinos. Los primeros querían presionar para que se prohibieran las fiestas de los bous (toros) en una Catalunya que se autoproclama antitaurina.
"El año pasado presentamos tres denuncias, pero las archivaron", explica Alejandra García, miembro de PACMA. Dos mundos enfrentados. Sólo en Levante se celebra más de un centener de toros de fuego (embolados), un espectáculo que en la Comunidad de Madrid y el País Vasco está prohibido.
Las bestias negras
En Castilla y León se encuentran tres de las bestias negras: El Toro de la Vega de Tordesillas (Valladolid), el Enmaromado de Benavente (Zamora) y el Toro de Júbilo de Medinaceli (Soria). En Coria (Cáceres) está el Toro de San Juan. Son algunos de los ritos más ancestrales.
El resto de espectáculos atípicos sangrientos de Castilla y León, por ejemplo, están siendo erradicados, "porque no cumplían con el requisito de una tradición continuada de 200 años", explica Gustavo Antich, portavoz de ANPBA. En estos festejos (exceptuando aquellos en que se agrede directamente al animal), el sufrimiento es sobre todo psíquico.
"El toro es un animal herbívoro, pacífico, no depredador, acostumbrado a estar con su manada. Pero es arrancado hacia un ambiente desconocido, no puede adaptarse, las mediciones de cortisol (hormona utilizada para medir el estrés) pueden sobrepasar 12 ó 15 veces su valor normal", explica el veterinario José Enrique Zaldívar. Existen casos documentados de infartos y paradas cardiorrespiratorias.
Pero hay otros estudios, como el de Juan Carlos Illera, director del departamento de Fisiología animal de la Universidad Complutense de Madrid, en los que se afirma que el toro tiene una gran capacidad para superar el dolor en un 90% de los casos. "Los espectáculos con toros están datados desde el siglo XVI, son los que dieron origen a las corridas", explica el portavoz de la Mesa del Toro, Eduardo Martín-Peñato.
Un toro que se muerde la cola. Los festejos ancestrales dieron paso a la corrida moderna. Y la corrida moderna protege a las tradiciones. Aunque, como alega Arturo Pérez, de ACTYMA (Asociación Contra la Tortura y el Maltrato Animal): "¿Qué más me da morir en una plaza o lleno de dardos?".